



Editoriales ASAJA Aragón






¿Por qué habría de extrañarnos que los animales legislasen si por fin hemos logrado humanizarlos?. ¿Y por qué no desenmascarar al hombre como lo que realmente es, un verdadero animal?
Como ser humano que siempre me he sentido, tengo que confesarme culpable. Culpable por ser un hombre y culpable por ser rural, analfabeto e ignorante. Mi amor por los animales ha sido siempre humano y racional. Sin embargo, como nos demuestran los que han redactado el Anteproyecto de Ley de Protección y Derechos de los Animales, los principios de la razón son lo primero que hay que anular de las leyes. Según esto, el respeto a la naturaleza y al mundo animal requeriría de unas leyes salvajes.
Yo soy de pueblo y siempre he interpretado que el aleteo de la cola de los perros al correr en los espacios abiertos era una manifestación de alegría. Cuando llegué a la ciudad y me encontré a los animales habitando los pisos, veía en la mirada de las mascotas resignación, sometimiento y tristeza. Ahora entiendo que era mi imaginación perversamente humana la que me trasladaba esas sensaciones.
Yo que he vivido en casas y espacios amplios, que siempre me ha encantado respirar el aire libre y poder contemplar largamente las estrellas, veía en los balcones y las terrazas de los pisos de Zaragoza la última oportunidad que los pobres animales tenían para poder salir de las cuatro paredes de su encierro diario y respirar algo de aire fresco, pero ¡cuán equivocado estaba!. Cuando nuestro perro “León”, recogido de la perrera como can abandonado, salía al parque Oliver y se cruzaba con una perra en celo, se ponía contento y alterado, a pesar de que llegó a nosotros obligadamente castrado.
Y qué decir de aquellos días en que nos íbamos a hacer rutas de montaña por el Pirineo o en plena naturaleza… mostraba una vitalidad desconocida, corría desaforadamente de un lado para otro dando brincos como si de repente se hubiese transformado en el mejor corcel alado del Olimpo. Yo creía que en esos momentos nuestras mascotas recuperaban un poquito de lo que les correspondía y les habíamos robado: su naturaleza animal desnuda, sin los ropajes y límites impuestos por su cautiverio urbano.

León
Y ahora, los cabezas pensantes de la Dirección General de los Derechos de los Animales, que dicho sea de paso comparte su importancia con la Dirección General de Derechos de la Infancia y de la Adolescencia, la Dirección General de Diversidad Familiar y Servicios Sociales y la Dirección General de Derechos de las Personas con Discapacidad, nos enseñan que para entender y amar a los animales hay que convertirse en uno de ellos, dejar que lo más salvaje del hombre gobierne en nosotros, o lo que es lo mismo, dejar salir lo más animal, “la bestia” que hay en nuestro interior.
Sólo en ese momento podremos entender y amar al mundo animal como ellos lo hacen, que son los únicos que se sienten animales porque los demás no pasamos de ignorantes o explotadores. Ellos, en su incontestable sapiencia, deciden quién está capacitado y quién no para cuidar un perro, así que a nadie se le ocurra comprar uno sin pasar, previo pago, por su visado para que sus formadores de animales les den el ansiado título de “cuidadores de mascotas”.
Ellos, en su infinita sabiduría, nos dicen que el mundo rural está equivocado, que las leyes naturales son cosa del pasado, así que, al igual que en el Ministerio de “Transacciones” Ecológicas, hay que proteger al depredador y no al depredado.

Ellos mandan. Es la ley de la jungla. Es la madre “loba” la que rige sobre todos y debe disponer no sólo de los animales racionales sino también de los domésticos y de todos los mansos de corazón. La oveja y la vaca deben estar siempre a su merced.
¿Acaso el Ministerio de Asuntos Sociales y el de Transición Ecológica no deberían centrarse en desarrollar y mejorar y no centrarse en lado más oscuro y salvaje?
En los últimos meses, que precisamente hemos vivido con nuestros movimientos limitados debido a la pandemia, los legisladores han dado alas a sus más anhelados sueños ideológicos y, tristemente, éstos se están convirtiendo en realidad, Mientras tanto nos preguntamos atónitos ¿es posible tanto despropósito?
Sí, lo es. Tomando como ejemplo la ley de la que hablamos, su título ya es un dislate. Se ha dado un paso de gigante, pero hacia atrás, al pasar de la “Ley de Bienestar Animal” a la “Ley de Protección y Derechos de los Animales”.
Hasta un estudiante de 1º de Facultad sabe que esta consideración contradice la Teoría del Derecho. Los animales no pueden tomar parte en un contrato y tampoco tienen la capacidad para respetar los derechos de otros o entender conceptos de derechos, por tanto, no pueden ser sujetos de derecho, pero lo que sí es posible es una regulación legal que garantice su cuidado y protección. Esto ya se hacía con la Ley de Bienestar Animal y también estaba penalizada en el Código Penal la explotación y abandono de animales. ¿A qué obedece entonces este Anteproyecto de Ley?

No nos engañemos, lo que hay detrás de la futura Ley de Protección y Derechos de los Animales es un ideario radical, intolerante y totalitario, que se dedica a prohibir (nada menos que hasta 24 prohibiciones) todo aquello que se aleje de sus postulados ideológicos, algunos absurdos e incluso aberrantes. La defensa de sus ideas se apoya en falsedades, algunas tan burdas como asegurar que la “Declaración Universal de los Derechos del Animal” fue proclamada el 15 de octubre de 1987 por la UNESCO (para mi sorpresa, incluso aparece en el Preámbulo de la Ley 11/2003, de 19 de marzo, de Protección Animal en la Comunidad Autónoma de Aragón), cuando se sabe que se aprobó de forma unilateral por la Liga Internacional de los Derechos de los Animales, firmante en Londres de una declaración que después “proclamó en una sala de la sede de la Unesco en París”.
El momento es grave, ante nuestras narices se está despreciando, cuando no destruyendo, lo propiamente humano en aras de “lo animal”. Como aseguró el filósofo Francis Wolff durante el Simposio «Los animales y los hombres», que tuvo lugar en el Senado español el 29 de marzo de 2019: “el animalismo no es una radicalización de la protección animal, sino una animalización de la radicalidad”. “El concepto de antiespecismo es absurdo. Si el antiespecismo significa que debemos tratar a todos los seres vivos sin diferenciar las especies es la negación de cualquier modalidad porque es poner en el mismo plano los hombres y los perros, y los perros y sus pulgas”.
Es urgente que despertemos de nuestro letargo y tomemos conciencia de los destructivos movimientos ideológicos que hay detrás de estas leyes. Hace falta un clamor social antes de que sea demasiado tarde. Se está jugando con la dignidad y con el trabajo de amplios colectivos que no sólo disponen su vida con los animales y la naturaleza, sino que cuidan y aman lo que hacen. Sol, agua, viento, biomasa forestal y agraria, agricultura y ganadería. Nuestro territorio está lleno de oportunidades con acciones decididas y una buena legislación. Necesitamos tener nuestros montes pastados y ordenados utilizando su extraordinario potencial energético con grandes fuentes de calor a través de la biomasa. Bosques cuidados y no abandonados.

No es la España salvaje la que necesitamos sino la que nos hace distintos y mejores que los animales, la que corre el riesgo de perderse. No es el espíritu animal el que debe legislar. Nadie está preparado para cuidar su entorno si no quiere, ama y respeta lo más próximo y a sus semejantes… y no pienso precisamente en las pulgas.
Ángel Samper, Secretario General de Asaja Aragón.

De un tiempo a esta parte el Medio Rural está siendo ferozmente atacado, pero este ataque no se limita a la producción cárnica o láctea, el agua, la caza, los fertilizantes y estiércoles, las herramientas que utilizamos para la salud vegetal y animal etc., sino que es mucho más profundo porque va dirigido hacia nuestras costumbres, cultura, historia y raíces.
Se está poniendo en cuestión nuestra forma de vivir, entender e interrelacionarnos entre nosotros y también con nuestro entorno natural y sobrenatural. Es una corriente ideológica muy fuerte que amenaza con subvertir nuestros valores. Por ello es fundamental nuestro esfuerzo por entender, comprender y discernir. El verdadero conocimiento forma parte inseparable del ser humano.
Viene a mi memoria la novela “Matar a un ruiseñor” escrita por Harper Lee en 1960 y llevada con gran éxito al cine por Robert Mulligan, quien cosechó varios Oscar, entre ellos el de Gregory Peck como mejor actor principal por su interpretación de Atticus Finch.
El protagonista es una “rara avis” en medio de la mediocridad que empapa cada rincón de ese pueblo. Su integridad y firmeza en la lucha contra los prejuicios se complementan con su bondad y tolerancia hacia los demás. Atticus no destaca en nada que pueda ser objeto de admiración por parte de sus vecinos: no caza, no juega al póker, no pesca, no bebe, no fuma. Sin embargo, su vida esconde el misterio de los “grandes hombres”: combatir la estridencia del mal con su presencia callada y serena. Su única ocupación conocida, aparte de ejercer la abogacía en ese pueblo olvidado de todos, es atender a su familia y leer. Sus valores impiden la destrucción de la inocencia, especialmente en la visión del mundo que rodea a sus hijos Scout y Jem, los otros personajes que, junto a Atticus, mantienen con fuerza el mensaje de la película: la esperanza, pese a todas las apariencias, en la dignidad del ser humano.

Atticus Finch defiende a un inocente, sabiendo que el propio sistema y lo que le rodea ya lo ha condenado. Con todo y con eso se mantiene firme en sus convicciones. Cuando sus hijos le preguntan el porqué de tanta injusticia él responde “nunca se conoce realmente a un hombre, hasta que uno se ha calzado sus zapatos y caminado con ellos”. No los excusa, pero no los juzga.
La obra está inspirada en un pueblo de Alabama tras la Gran Depresión de 1929. Destacan también los personajes que representan la ley: el juez y el sheriff, quienes incluso obrando con rectitud están sometidos a los prejuicios de la época y a las deficiencias del sistema. Aceptan, a sabiendas de su inocencia, la condena del acusado porque son incapaces de desafiar el “status quo” social que les toca vivir, por eso en vez de enfrentarse decididamente al mal optan por mirar a otro lado y seguir como si no pasase nada.
La realidad que plasma la película no es tan lejana a nuestro tiempo como creemos, porque estas deficiencias también las arrastramos en pleno siglo XXI. Hoy, como entonces, asistimos a una sociedad, confundida, conducida y manipulada.

Es un contrasentido que en plena era de la digitalización y la información, sea precisamente la manipulación y la desinformación nuestro principal enemigo. A menudo se nos presentan como iconos de éxito ejemplos que están muy lejos de los modelos que deberíamos seguir. Lo hemos dicho muchas veces, la “contaminación mental” es el gran peligro al que nos enfrentamos hoy; ésa es la peor contaminación, el “bajo ambiente” y el resorte que utilizan los que atentan contra todos nosotros, individualmente y como sociedad. No nos cansaremos de repetirlo, desde ASAJA no defendemos el “medioambiente” sino el “ambiente completo”, es decir el ambiente con el ser humano en el centro como solución. Ésa es la garantía real tanto para las personas como para el aire, el agua y el suelo. Presentar al ser humano como problema es propio de los “no humanos”, de los malos.
Siguiendo el hilo de la película, cuando el hijo de Atticus insiste a su padre para que le enseñe a disparar, éste le contesta repitiendo las palabras de su propio padre: “no debes apuntar nunca contra nada de la casa. Podrás matar todos los grajos que quieras, pero matar un ruiseñor es un grave pecado. No picotean los sembrados, no entran en los graneros a comerse el trigo. No hacen más que cantar con todas sus fuerzas para alegrarnos”.
Tristemente, apuntar hacia los agricultores, ganaderos y el Medio Rural es atentar contra nuestra propia casa. Si no logramos poner en valor “lo humano” las nuevas corrientes deshumanizadoras acabaran arrastrándonos. Incluso las tradicionales corrientes ideológicas se han ido sometiendo a los relatos de estas otras que intentan “educarnos” para sus intereses. Habría que preguntarse por qué la política ha quedado subyugada a estos nuevos relatos, ¿qué hay detrás de todo esto? Nos tememos que pesan los millones, curiosamente estos discursos están siendo abanderados por multimillonarios que hasta hace pocos años permanecían en la sombra.

El último en ser conocido es Jim Mellon; mecenas, filántropo y “educador mundial” para más señas (al cual nos referimos en nuestro artículo “Carne o Carné”). Asegura que cada año se sacrifican en el mundo para consumo humano 80.000 millones de animales y 2 billones de peces, y dice: “podemos llegar al punto que eso se pueda eliminar y eso es una causa que me motiva”. Lo que le motiva es acabar con los animales para poder poner en marcha su negocio, las fábricas de carne sintética. Éste, como tantos otros, es un ejemplo claro del “club” de los cínicos.
Una palabra, “transhumanismo”, está en los discursos que últimamente escuchamos en boca de estos personajes siniestros. Su objeto, dicen, es mejorar las condiciones biofísicas y psíquicas utilizando los resortes de las herramientas tecnológicas que están a su alcance, pero si uno presta atención se da cuenta que olvidan una parte fundamental del ser humano: la parte moral y espiritual porque ésa, que es la que nos hace mejores, no les interesa.
La clara apuesta que se nos presenta hoy con el camino de la digitalización y de la realidad virtual tiene dos caras completamente opuestas y dependiendo de los objetivos que se pretendan pueden estar con nosotros o contra nosotros. Hoy en plena Gran Depresión del siglo XXI, el mal se viste de bien para confundirlo y someterlo. Tenemos que estar muy alerta.
Dejarnos arrastrar por estos movimientos es dar alas a los “pájaros” que se comen el grano de nuestros graneros. Matar al ruiseñor es un grave pecado. Permitir que otros lo hagan sin nuestra oposición, también. Decía Carl Gustav Jung “el conocimiento descansa no sólo sobre la verdad sino también sobre el error”. El lado humano de las cosas es el que permite aprender y crecer con los errores. La construcción de un mundo mejor ineludiblemente tiene que contar con lo que los agricultores, ganaderos y habitantes del medio rural hacemos y representamos para todos.
No permitamos que disparen contra nuestro propio hogar y contra lo más sagrado, lo que representa el ruiseñor. ¿Acaso dejaríamos que una zorra vigilase el gallinero o permitiríamos que el lobo pastorease las ovejas? No podemos permanecer impasibles ante lo que está sucediendo.
En el año 2003, el American Film Institute escogió el personaje de Atticus Finch como el “mejor héroe del cine de todos los tiempos”. Llama poderosamente la atención puesto que su interpretación está muy lejos del estereotipo de héroe. Cabe preguntarse ¿por qué?… quizá el hondo anhelo del ser humano consiste en esa “impecabilidad” de la que goza Atticus.
Como decía Antonio Machado: “Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien.” Sigamos el ejemplo de los grandes hombres y mujeres que jalonan la historia, haciendo de cada uno de nosotros un héroe en nuestro sencillo caminar diario buscando el bien en toda circunstancia.


Una sola tilde es capaz de confundir al más pintado. No quiere decir lo mismo carne que carné; hasta ahora la carne era la de toda la vida y los carné eran de plástico. Todos sabíamos distinguir una materia de otra y, salvo en algún show televisivo, a nadie se le ocurriría comerse un carné “al punto”.
Sin embargo, tal como pintan las cosas para consumir carne “de la de siempre” va a hacer falta tener carné. Entramos en la era en la que los carné son virtuales y, si no lo evitamos, la carne será de plástico.
Son los nuevos tiempos. Es la era digital y también la era del engaño. El escritor Vidal Maté en su artículo “los enemigos de la carne”, publicado en “Euroganaderí-EU” dice: “en las clases de religión de antaño, los enemigos del alma eran tres, el demonio, el mundo y la carne… Hoy los enemigos los tiene la carne y se hallan por todas partes”.
De ahí, creo entender, han venido todaslas confusiones y licencias. Una vez perdida el alma, se ha ganado el acento y el sino de la realidad virtual donde la imagen la crean los del carné, los diablo del mundo, “filántropos y mecenas”, curiosamente todos multimillonarios, pero entregados a la felicidad de todos nosotros. El último en aparecer en escena, ya acostumbrados a Bill Gates, Soros y demás “personajes” ilustres, es Jim Mellon, quien según él mismo es un “educador mundial” (los aires de grandeza de los multimillonarios filántropos no tienen límite).
El autor del libro ‘Moo’s Law: An investor’s Guide to the New Agrarian Revolution’, afirma que se podría eliminar una quinta parte de las emisiones de carbono causadas por la cría intensiva de animales. Asevera que en la actualidad entre el 14,5 % y el 18 % de todas las emisiones mundiales que causan el calentamiento global procede de este tipo de ganadería.
El señor Mellon asegura que "el cambio es bueno" y añade que "las nuevas industrias que resulten de lo que estamos haciendo serán mejores, en general, para la gente". En una reciente entrevista con la periodista Jane Witherspoon en el programa “Interview” de Euronews, el educador mundial invita a dejar de consumir carne, leche y pescado y asegura que el origen de la pandemia actual y futura proviene de la “mala praxis alimentaria en el lejano Oriente, donde el 80% de los antibióticos va a parar a los animales de granja”. También Bill Gates ha puesto su empeño -y sus altas influencias- en abolir la carne. En su nuevo libro “Cómo evitar un desastre climático” insta a una política gubernamental para evitar el desastre mediante logros tecnológicos.
Para ello ha instado a las naciones ricas a cambiar a carne 100% sintética, pero también dice: “no creo que los 80 países más pobres coman carne sintética”. Evidentemente las artimañas del espejo, de la virtualidad y de los “logros” tecnológicos no alcanzan a aquéllos para quienes comer carne es su primera necesidad, seguramente porque ese mercado que pretenden introducir de sustanciosas ganancias para sus bolsillos, ya muy abultados, no resulta rentable en los países menos desarrollados.
Y es en esta confusión donde queremos detenernos un instante. No sabemos con seguridad, aunque sí con certeza, las intenciones del “Club de los Educadores Mundiales”, pero que estos multimillonarios trabajen en el mismo sentido con determinadas corrientes ideológicas y sociales no deja de ser curioso o inquietante… podemos vaticinar que nada bueno nos espera. Las recientes declaraciones del paje, mensajero y acólito Ministro Garzón son solo un ejemplo. Es extraño también que los tentáculos del club de la “nueva educación” se hayan extendido de tal modo que incluso aquellos que aparentemente piensan distinto y tienen gustos culinarios diferentes, por aquello de las corrientes y el voto, miran su carné y se suman a los intereses del “pulpo”.
Mientras tanto, entre tanta oferta de plástico y de carné aparece una nueva oferta de bichos, gusanos y parásitos con nuevas oportunidades de negocio: las granjas de insectos. 'Vivir para ver'- dijo el ciego.

Ángel Samper- Secretario General Asaja Aragón

-Tenemos un plan: 2050 queda lejos, pero tenemos un plan RE DON DO. -El orador hace una estudiada pausa mientras contempla la sala abarrotada de público-. No se trata de adelantarse al tiempo y al espacio como Julio Verne. Nuestro objetivo es mucho más ambicioso. ¡Se trata de abandonar el presente! Este tiempo nos está matando. Demasiadas tormentas, demasiados problemas. ¡Acabemos, pues, con el presente y abordemos sin más el futuro! El espíritu de la transición ha sido ejemplar, pero nos ha llevado demasiado tiempo darnos cuenta que para llegar al futuro no hacen falta transiciones sino transacciones!.-Ovación cerrada-.
Entre las butacas se levanta tímidamente una mano. El orador, sorprendido, sonríe desde el estrado a la persona que emerge desde la masa.
-¿Puedo decir algo?… ¿qué haremos entonces con los fondos europeos? ¿Qué haremos con las transiciones digitales, ecológicas, demográficas, energéticas?
El orador se revuelve incómodo y su voz se vuelve aguda y desagradable.
−Les he dicho que éste es un plan redondo. Está todo bien pensado y meditado. Los fondos y las transiciones no se llevan bien. ¿Para qué son los fondos sino para las transacciones? Hemos debatido largamente con la Comisión y hemos concluido que son las comisiones las que nos llevarán al tan deseado objetivo. La transición digital es una pérdida de tiempo. Necesitamos centrarnos en los dígitos. ¡Los dígitos son el futuro y la garantía de nuestro bienestar! -Recibe el aluvión de aplausos con una estudiada pose: la mano en el corazón y una leve inclinación hacia su público-.
-Disculpe… –insiste tímidamente el personaje preguntón, mientras se vuelve a levantar de su asiento.- Vuelvo a pedir la palabra. ¿En los pueblos y los territorios, donde las transacciones no llegan, qué va a pasar con el reto demográfico?; ¿qué va a pasar con nuestro futuro?, ¿y qué futuro tienen los ganaderos con su propuesta para el 2050 de no comer carne? ¿qué van a hacer con sus animales?…

-Pero ¿por qué tiene usted tanto empeño en poner problemas a nuestro plan? – le corta airado el orador-. Con las transiciones, el reto demográfico se ha convertido en un roto demográfico. El objetivo de las transacciones es gestionar todo para que usted lo tenga TODO y no tenga necesidad de pensar. Los ganaderos serán “gana euros”. El hombre dejará de preocuparse por los animales porque ya no pensará en el animalismo sino que se transformará en el animal mismo. -miradas de extrañeza y murmullos entre las butacas-. Y no se preocupen porque los pueblos no se abandonarán. ¡Vamos a pagar para que la gente vaya a los pueblos!
-¿Y no sería más fácil ayudar a los que siempre han vivido ahí, para que no se vayan? -el público desconcertado, se gira buscando al personaje que, a fuerza de preguntar, ha dejado de ser anónimo. De mediana edad, la mirada franca y limpia; una frase “quiero vivir en mi pueblo” destaca sobre el fondo blanco de su camiseta-.
-Les pagaremos para que vuelvan -miente el orador- pero antes será bueno que se vayan para que dejen de protestar. ¡Ustedes se quejan de todo! ¡que si los lobos atacan sus rebaños; que si vale menos la leche que el agua; que si no les dejamos producir; que si lo queremos pintar todo de verde; que si necesitan agua para regar; que si mucha burocracia! ¡Ya está bien! -dice, dando un golpe con fuerza en el atril, mientras pierde los papeles que se caen al suelo-, pero ustedes, “los rurales”, ¿qué se han creído?. -Recoge desganado las hojas sin saber bien cómo concluir.-
El público, sin embargo, se muestra entusiasmado. Ahora el protagonista es otro y permanece en pie junto a su butaca, en el fondo de la sala.
-También yo estoy enfadado y ya no pido permiso para hablar. No nos hemos creído nada de lo que usted dice. ¡Ése es el problema! ¿No sería mejor que nos comportásemos todos como seres humanos y no como animales?
-¿Me está usted llamando animal? -le grita fuera de sí mientras hace un gesto a las Fuerzas del “Orden” para que actúen.
Una jauría de gorilas se dirige hacia donde estoy. Conforme se van acercando un sonido doméstico familiar va creciendo en mis oídos. Cuando están a punto de echarme las manos al cuello, identifico el sonido de una lavadora.
Despierto de repente. Me late desaforadamente el corazón. Miro el reloj de la mesilla. Marca las 00:00 horas.

Pistoletazo de salida de la tarifa nocturna. La Thermomix, la lavadora, el friegaplatos, la campana, el horno, la batidora, el microondas, la aspiradora, el aire acondicionado, el equipo de música; en el piso de arriba todo ha despertado de repente. El sueño del futuro se ha disipado entre el inusitado fragor de todo su ejército de electrodomésticos. Estoy confuso. No sé si protestar o agradecerles a los vecinos que me hayan sacado de esta pesadilla. He subido a hablar con ellos. Son buena gente. Se habían bajado a echar unos vinos. Es la abuela con los cascos puestos quien me ha recibido. Ella sola está manejando todo el equipo. Manolo, el del bar de abajo, ha visto la oportunidad con las nuevas tarifas y oferta todo a unos precios ridículos. No se me ocurre nada mejor que sumarme a ellos.
Conforme entro al bar, abarrotado de gente, Manolo se dirige hacia mí con los brazos abiertos -¡Negocio redondo! -me dice, mientras me encuentro con la sonrisa del orador que está dando cuenta de un buen chuletón.

Ángel Samper
Secretario General Asaja Aragón.

El 15 de abril de 1912 el “Titanic” se hundió tras una larga serie de infortunios. Hoy, 109 años después, asistimos a otro hundimiento: el del Sector Agrario. Al igual que sucedió entonces, las decisiones desafortunadas se suceden unas a otras y, en el colmo del absurdo, mientras la nave se hunde simulan que todo está en orden. La noche trágica del hundimiento del Titanic, la Orquesta “Wallace Hartley Band” siguió desgranando las melodías de su repertorio como si nada sucediese. De igual modo, mientras la “música” del Decreto Transitorio sigue sonando en el Ministerio y en la Consejería de Agricultura, nuestra ganadería se hunde.
Un poco antes de la medianoche, en las últimas horas del 14 de abril de 1912, el mayor barco del mundo navegaba a toda máquina a una velocidad de 22 nudos en una zona sembrada de icebergs. Fueron una gran imprudencia e irresponsabilidad no sólo las decisiones previas al choque sino las que se tomaron después. La comisión de investigación posterior fue una autentica farsa. El Gobierno inglés no podía permitir culpar a la compañía inglesa “White Star Line”. Esto no sólo la hubiese llevado a la quiebra, sino que estaban en juego otras muchas cosas, sobre todo el prestigio inglés. Por eso, tampoco se inculpó al capitán, ni se asumió responsabilidad alguna aunque se comprobó que el barco no llevaba suficientes botes salvavidas.
A la agricultura y a la ganadería hace días que las propias Administraciones las han dejado a la deriva en el océano, en un nuevo Titanic sin botes salvavidas. Al Medio Rural se le está ahogando en un mar de falsedades, en el oscuro océano de lo artificial y lo sintético, en el asfalto virtual de la ignorancia. Las víctimas de este naufragio, miles y miles de ganaderos de toda España, están condenados a su desaparición por el empeño que muestran ambas Administraciones en cambiar sus propias reglas, que afectan no solo a los pastos sino a una “falsa” convergencia. Hacer converger a ganaderos con agricultores; esto es, animales con superficie agraria, una auténtica “ocurrencia” propia de extraños y no de propios. Cambiar las reglas sin crear otras nuevas es una grave irresponsabilidad para una Administración que, en lugar de “hacer naufragar el barco” tendría que mantenerlo a flote, velando por los ganaderos.

¿Quién o quiénes están provocado esta debacle? El ataque a nuestra agricultura y ganadería se viene produciendo desde hace mucho tiempo. El discurso animalista y el falso ecologismo han inundado todos los rincones y han conseguido que el experimento de alimentar a un hombre doblegado, separándolo de la moral y las raíces, haya dado sus frutos. Una vez logrado que el consumidor acepte esas contradicciones sin cuestionarlas, es cuestión de tiempo que se llegue a “poner en valor” el desorden, priorizando lo “animal” sobre lo “humano”, relegando al hombre y sometiéndolo. Para este fin, los principios del orden natural del medio rural y de nuestros ancestros resultan molestos y hay que acabar con ellos. El lobo debe tener prioridad sobre el cordero. El fin, no es acabar con la ganadería sino acabar con los agricultores y ganaderos. Para ello hay que convencer a la sociedad de que hay cuestiones vitales de la actividad de agricultores y ganaderos que son nocivas. Pero como buen depredador, este nuevo “lobo”, necesita carne para sus propósitos: por eso crea carne sintética para los demás. Estas falsedades repetidas hasta la saciedad son los peligrosos icebergs con los que nos enfrentamos a diario.
¿Cómo hemos podido llegar a este extremo? Cuestionamos la gestión del primer recurso del hombre a través de los tiempos: el agua. Mularroya, es el último episodio. Cuestionamos la actividad agroganadera cuando tenemos las neveras llenas. Cuestionamos el bienestar animal pero no nuestro propio bienestar. Y lo que es peor cuestionamos “la cuestión”, esto es preguntarnos si lo que hacemos es lo correcto. Demandarnos a nosotros mismos en nuestras propias contradicciones.
El pasado 5 de abril fuimos invitados a comparecer en las Cortes de Aragón para trasladar nuestra postura sobre la Ley por la que se modifican el Texto Refundido y la Ley de Tasas y precios públicos de la Comunidad Autónoma de Aragón. Por un lado, manifestamos que éste, en plena pandemia, es el momento más inoportuno para plantear un aumento de tasas y precios públicos. Por otro lado, recordamos que recientemente habíamos comparecido con motivo de la Ley de Simplificación Administrativa. En dicha ley para “simplificar” planteaban externalizar el trabajo de los funcionarios a través de las “entidades colaboradoras” y de las “declaraciones responsables”. Ahora en la nueva ley de tasas proponen aplicar tasas tanto a unas como a otras. Nos parece lamentable. Por un lado se sacan de encima su trabajo y por otro nos cobran por hacerlo. Asaja Aragón en su comparecencia en Cortes también denunció la doble imposición que estamos sufriendo. Pagamos impuestos para mantener la Función Pública y después nos cobran por las salidas de los funcionarios.
Tiene que existir una extraordinaria regulación de la Función Pública y de la estructura funcionarial. Existen excepcionales funcionarios con una gran vocación de servicio, que están condicionados constantemente por el sistema. Y también existen despachos de funcionarios de alto rango, colocados en puestos de influencia y decisión que sin haberles votado nadie, están condicionando la vida del administrado con sus criterios ideológicos. No es casual que muchas de las decisiones políticas vengan precocinadas de estos despachos. En este sentido, las decisiones de “alta cocina” cobran especial relevancia.

Los objetivos que se nos presentan del Green Deal son unos y la realidad es muy diferente. La contaminación es cosa de todos, pero desde agricultores y ganaderos no podemos soportar un “Green Deal” contaminado. En este número publicamos el excelente artículo de José Luis Romeo, nuestro presidente del AGPME, “algunas ideas sobre la agricultura y el carbono”. Corregir y mejorar tiene que estar en nuestro ADN pero también es justo y necesario que la sociedad ponga en valor lo que hacemos.
Mientras amenazan con hundirnos, agricultores y ganaderos, la “Wallace Hartley Band”, sigue tocando. Los icebergs están dentro del barco, pero la orquesta sabe que los “lobos” serán los primeros en abandonarlo. En ese momento, estaremos salvados.


Cada mañana al despertarnos se abre el telón: las noticias en la radio, los mensajes, el teléfono, los WhatsApp, los periódicos, el comentario con el vecino, el primer café, la llegada al trabajo… ¡comienza la función!
Con los primeros pasos del día, antes siquiera de tomar contacto con la realidad, las noticias de lo que está ocurriendo en cada parte del mundo nos preceden. Y en este gigantesco escenario en el que nos movemos, aparecen los personajes más grotescos, pero también los más nobles y bondadosos. Sin embargo, desde hace casi un año, siniestros mensajeros anuncian machaconamente lo mismo día tras día, tratando de hacernos creer que hay que empezar desde cero, como si una destrucción masiva estuviera arrasándolo todo.
Y como no podía ser menos, también este mensaje ha estado presente en la 51ª Edición del Foro Económico Mundial que se celebra en Davos. Ha sido precisamente su fundador, D. Klaus Schwab, quien nos ha traído, envuelto en celofán como si de un regalo de Santa Klaus se tratase, la gran noticia que colma todas nuestras expectativas, aunque no sepamos muy bien de qué se trata: es hora del “Gran Reinicio”.

Este mensajero anuncia al mundo entero que ha llegado el momento: entre tanta desolación tenemos la oportunidad de un “Gran Reseteo”, que nos ofrecerá grandes cambios en una sociedad deprimida y sometida. Y nos dice también que los protagonistas de esta gran obra, somos nosotros y, por supuesto, ésta es la oportunidad para crear una sociedad mejor.
Sin embargo, desconocemos la nobleza de intenciones de este mensaje, porque precisamente los mismos que nos indican que no es necesario tener ni poseer para ser felices, están haciendo acopio de bienes y comprando tierras en todo el mundo. Hasta el “Gigante Chino” participa y se congratula de esta “maravillosa” función donde lejos de lo que creemos, la obra no se representa arriba en el escenario sino abajo en platea, mientras nosotros asistimos desde nuestra butaca no como actores sino como convidados de piedra.
Matilde Moro, en su brillante artículo “la dieta planetaria, el próximo apocalipsis zombi” nos describe como un poderoso pilar industrial y económico de alianzas empresariales, encabezadas por multinacionales del sector de la alimentación pretenden transformar “altruistamente” nuestra manera de comer y relacionarnos. Que los polos opuestos se atraen no es novedoso, pero no deja de ser extraño que confluyan en un mismo fin sensibilidades tan dispares como los movimientos “animalistas” con grandes empresas que han visto la oportunidad en el negocio de la fabricación de la carne porque les resulta más barato fabricarla que comprarla a los ganaderos que la producen. ¡Curioso!

Nuestro editorial “El hombre lobo” (publicado en agosto de 2017, pero de completa actualidad) concluía con una frase del zoólogo austriaco y premio Nobel, Konrad Lorén: “he encontrado el eslabón perdido entre el primate y el hombre civilizado: nosotros”. Aunque “el hombre lobo” acaba de anunciar que la caza del lobo quedará prohibida en toda España, desde ASAJA mantenemos que mientras quede en pie una sola oveja, vaca, ternero, potro, yegua o cordero, nos enfrentaremos con todas nuestras fuerzas al mayor depredador del siglo XXI: el hombre lobo.
Otro grave despropósito se ha producido con la modificación del reglamento transitorio de la PAC. “Queremos acabar con las condiciones artificiales” nos dicen desde la propia Administración. En ASAJA estamos de acuerdo tanto en la elaboración de normas claras y sencillas como en la creación de condiciones naturales, pero en tanto eso no suceda es un despropósito dejar sin ayudas a un sector que las necesita, especialmente cuando es la Administración la que está cambiando continuamente sus propias reglas sin ofrecer otras nuevas que den cobertura a quienes dejan totalmente desprotegidos. Es muy grave lo que está ocurriendo.
Por si esto no fuera poco, la aplicación de una acelerada “convergencia” en muchos sectores, especialmente la ganadería, está provocando, lo contrario de lo que pretende, produciendo grandes injusticias, por cuanto existen explotaciones que van a ver reducidas drásticamente las ayudas, rompiendo la premisa de que se cobre lo mismo por hacer lo mismo.

Cuando las Administraciones Públicas extienden una y otra vez la lógica de la sinrazón, cobra especial actualidad la conocida frase “en política nada es lo que parece”. Su falta de credibilidad contribuye a nuestro desánimo. Por ello, como contrapunto y para revertir esta indeseable situación, es más necesaria que nunca la unión de nuestro sector a través de plataformas fuertes como las que hemos creado, la plataforma transpirenaica, la plataforma por la ganadería extensiva, la plataforma generada por el problema de los pastos, etc. En este sentido, cabe mencionar a AGRICAragón, que se ha convertido en la mayor plataforma económica de Aragón. Todas ellas son un claro ejemplo de un sector responsable que se une para denunciar e intentar corregir todos estos graves despropósitos donde la apuesta por el Medio Rural, en estos momentos solo está en el discurso.
Son momentos muy difíciles para todos, pero el gran Reinicio al que alude Klaus Schwab en Davos, se ha confundido de destinatario. La estructura política, la Administración Pública, y más aún, los que intentan utilizarnos a su interés y antojo deberían ser los destinatarios, de este “Gran Reseteo”. La desconexión que se practica en la sociedad, sí que necesita un profundo reseteo. La ausencia del orden moral, el egoísmo, la independencia, el ir cada uno a los suyo, vivir irresponsablemente, nos conduce a esta sociedad que como ya hemos apuntado en alguna editorial, nos lleva a la saciedad a través de la “suciedad”. Tienen que cambiar muchas cosas, también en nosotros.

La “participación”, la conexión, el respeto y la mirada hacia el otro son la mejor fórmula para acabar con estas profundas desviaciones. Pero nunca olvidemos que la política es fiel reflejo de la sociedad.
Si nos dejamos manipular total e impunemente, la sociedad está condenada al fracaso. Dice el escritor francés, André Suarés: “En política, la sensatez consiste en no responder a las preguntas. La habilidad, en no dejar que las hagan”. Ese es el arte de la mala política. Necesitamos más que nunca de buena política y de buenos políticos. Sean del color que sea, desde Asaja, los buenos políticos, tendrán siempre, todo nuestro apoyo.


Si George Orwell, autor de "Rebelión en la Granja", estuviese entre nosotros, posiblemente escribiría una segunda entrega de su famosa novela y la titularía "La Rebelión de los Granjeros" porque muchos de los alegatos que emplea el viejo cerdo "Major" para conseguir la adhesión de los animales en su plan libertador se han convertido en argumentos en boca de otros, no animales sino personas, para intimidar y acorralar al granjero. Una vez más, ¡él mundo al revés!
El encendido discurso de "Major" consiguió su efecto: la rebelión de los animales de la granja. "El hombre es el único ser que consume sin producir. No da leche, no pone huevos, es demasiado débil para tirar del arado y su velocidad ni siquiera le permite atrapar conejos. Sin embargo, es dueño y señor de todos los animales. Les hace trabajar, les da el mínimo necesario para mantenerlos y lo demás se lo guarda para él (…) ¿No resulta entonces de una claridad meridiana, camaradas, que todos los males de nuestras vidas provienen de la tiranía de los seres humanos? ¡Eliminad tan sólo al hombre y el producto de nuestro trabajo nos pertenecerá!" Tras la muerte del líder los cerdos jóvenes tomarán el testigo y organizarán los ideales de Major en un sistema de pensamiento mejor y más práctico -"el animalismo"-, pero para ello tendrán que alinear, para después someter, al resto de los animales de la granja.
Los jóvenes líderes "Bola de Nieve", "Squealer" y "Napoleón" han hecho bien su trabajo. Una corriente animalista inunda nuestro planeta; lo que no podían imaginar es que sería el propio ser humano quien abominase de sí mismo". Allí donde miremos conocemos ejemplos de lo más variopinto: "Un joven barcelonés transespecie se implanta aletas en el cráneo" "Técnicas de medicina regenerativa desarrollan músculos artificiales a partir de células de vaca y conejo sobre una gelatina comestible" "Un menú de pavo sintético y vino que no provoca resaca" La primera carnicería vegana que abre en Londres, lo vende todo el primer día" "La droga legal que más se consume en España es el alcohol y concretamente el vino" "Una hamburguesa de carne contamina más que tu coche" "Carne artificial, una jugosa oportunidad de negocio".
Detrás de esta degeneración del pensamiento humano hay un jugoso negocio lucrativo. Grandes multinacionales juegan con el sentimentalismo dulzón de quienes pueden llegar a la locura de decir que una vaca inseminada ha sido violada. El veterinario Óscar Caso Colina ha publicado recientemente el libro "La Desconexión Urbana", en el que expresa con gran claridad lo que venimos denunciando: "Este animalismo ha conseguido, con una gran ayuda de los medios de comunicación tradicionales y de las nuevas tecnologías, inculcar en la población urbana y, sobre todo y mayoritariamente, en la juventud urbana, unos motivos supuestamente éticos para evitar el consumo de productos de origen animal". Podemos darnos cuenta de la importancia de esta desviación con un dato llamativo que aparece en su publicación: el responsable de una nueva Dirección de Bienestar Animal no es veterinario ni biólogo ni zoólogo; hasta su nombramiento regentaba un establecimiento de comida vegana.
La rebelión en la granja se está produciendo también en la Comisión y en el Parlamento Europeo. El relato de George Orwell está más presente que nunca. El Vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, ha llegado a amenazar con retirar la PAC si no se cumple el Pacto Verde, con sus dos estrategias: de la Granja a la Mesa y la de la Biodiversidad.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos advierte que la aplicación del Pacto Verde en la UE con sus dos estrategias va a provocar un descenso del 12% en la producción agrícola de la UE, un descenso de un 16% de los ingresos de los agricultores. Se va a producir un aumento del precio de los alimentos y un desplome del PIB. Se le recrimina a la Comisión que no haya realizado la valoración de impacto en la aplicación de las dos estrategias, de la Granja a la Mesa y la de la Biodiversidad. Se le insta a que analice sus graves consecuencias y que se descargue de los criterios ideológicos.
Nunca se ha hablado tanto de la necesidad de abordar el grave problema de la despoblación a la par que las ciudades han inventado relatos que adoctrinan a los niños en las escuelas. "El oso es un peluche". "El hombre es malo. El lobo es bueno". "Caperucita es una bruja". Desde la Comisión se cuenta con el apoyo de Greta Thumberg y, por consiguiente, dan por hecho que cuentan también con el apoyo de todos los niños del mundo.
"El agua ha empezado a cotizar en el mercado de futuros de Wall Street". Si ya ha empezado a cotizar en alguna parte del mundo, no hay ninguna razón para pensar que no termine cotizando aquí. Y tampoco hay razón alguna para pensar que no termine cotizando el aire que respiramos. La rebelión no solo alcanza a la granja, ha llegado a todo el Medio Rural, a los campos, a la naturaleza y al paisaje. La más profunda contaminación: la desviación del conocimiento, está inoculando este nuevo relato que se viene escribiendo desde hace tiempo.
El Ministerio de Transición Ecológica no puede perderse en el misterio de las transacciones ecológicas. Las riberas de los ríos no pueden perderse en una Ministra que curiosamente se apellida igual: Ribera. Los nombres propios no sirven. Para servir hay que ser humildes y escuchar, perderse en el territorio y encontrarse entre la gente anónima. Las competencias de Reto Demográfico que asume este Ministerio no deben ir encaminadas a acciones que aceleran la despoblación en el Medio Rural.
La Navidad es tiempo de cercanía y encuentro verdadero en el que compartimos lo mejor de nosotros mismos. Ojalá también lo sea de profunda reflexión para quienes nos dirigen y el Año Nuevo nos conceda un horizonte claro, alejado de contaminación ideológica.
Desde ASAJA os deseamos Feliz Navidad.
Ángel Samper Secorún
Secretario General ASAJA Aragón

En el otoño de 1944, durante el “Hongerwinter” o “invierno del hambre”; los holandeses quedaron asediados por los alemanes tras el infructuoso ataque de los aliados para controlar su retaguardia. El asedio tuvo como consecuencia que los habitantes de ciudades como Ámsterdam o Róterdam solo pudiesen ingerir el 30% de las calorías necesarias en una dieta normal.
Un mendrugo de pan era más valioso que un reloj de oro. Fueron momentos muy duros, momentos en los que los holandeses se comieron su propio jardín. La hierba y los tulipanes entraron en su dieta: “los tulipanes sabían asquerosos, tenían casi nulo valor energético y una toxicidad muy alta”. El hambre sembró miles de muertos entre ese invierno del 1944 y la primavera del 1945.

Muchos años más tarde, Audrey Hepburn, consagrada ya como una estrella de Hollywood, se negó a interpretar “El diario de Ana Frank”; a pesar de ser el propio padre de Ana, Otto Frank -único sobreviviente de “la Casa de Atrás” y del holocausto judío- quien le propuso el papel. Aunque Ana y Audrey no llegaron a conocerse, vivieron muy próximas el hambre y el horror de la guerra en la ciudad de Ámsterdam. Audrey Hepburn, al leer el diario de Ana Frank, revivió tantas coincidencias y desolación en su cruel infancia que le resultó imposible llevarlo a la pantalla. “Nunca he vuelto a ser la misma”– declaró.
En 1957, con el dolor todavía presente en la memoria, nace en Roma la Comunidad Económica Europea. En julio de 1958 en la Conferencia celebrada en Stresa (Italia) se fijan las bases de la Política Agraria Común. El abastecimiento estable de alimentos en los países de la Unión Europea era una cuestión ineludible.
Para ello, eran necesarias tres cuestiones fundamentales: la unidad de mercados de los países miembros, la preferencia comunitaria de nuestros países frente a terceros y un presupuesto común con base en la solidaridad financiera entre los países integrantes. En 1962, en Roma fruto de todo ello, nace la Política Agraria Común con un claro propósito: incentivar la producción.

En 2018, casi 60 años después del nacimiento de la PAC, la Unión Europea elaboró un informe titulado “Eurobarómetro. Europeos, agricultura y Política Agraria Común”.
En dicho informe el 92% de los ciudadanos de la Unión Europea consideraban importante o muy importante la defensa de la vida rural y la agricultura en sus respectivos países. El Eurobarómetro muestra un claro respaldo de los ciudadanos europeos a la Política Agrícola Común y a su papel como instrumento para garantizar la seguridad alimentaria en la Unión Europea, la conservación del medio ambiente, la lucha contra el cambio climático y el crecimiento y empleo en el medio rural.
Más del 60% de los encuestados indica que la política agrícola común, beneficia a todos los ciudadanos y más de nueve de cada diez piensan que la agricultura y las zonas rurales son importantes para el futuro de la UE. Entre las principales conclusiones extraídas por la Comisión Europea tras la elaboración de ese “Eurobarómetro”, cabe destacar que una clara mayoría de los ciudadanos consideran de gran importancia el papel del sector agrario para “proporcionar alimentos seguros, saludables y de buena calidad”.
Sin embargo, apenas 2 años después, en el discurso de la Presidenta de la Comisión Von der Leyen sobre el estado de la Unión, pronunciado en la sesión plenaria del Parlamento Europeo el pasado 16 de septiembre, asistimos a un verdadero alegato en defensa de una nueva generación, la denominada NextGenerationEU. A lo largo de las líneas de su intervención escrutamos frases tan grandilocuentes como “El futuro será lo que de él hagamos. Y Europa será lo que queramos que sea”.

Tras el políticamente correcto discurso de Von der Leyen, está la inquietante realidad para nuestro sector. “El Pacto Verde Europeo es nuestro modelo para llevar a cabo esta transformación” (…) Tenemos que cambiar la forma en que tratamos la naturaleza, en que producimos y consumimos, vivimos y trabajamos, comemos y nos calentamos, viajamos y utilizamos el transporte. (…) Y velaré por qué también lleve la financiación ecológica al siguiente nivel. Quiero que NextGenerationEU ponga en marcha una ola europea de renovación y convierta nuestra Unión en líder de la economía circular. Pero no se trata sólamente de un proyecto medioambiental o económico: debe ser un nuevo proyecto cultural para Europa.(…).¡Esto es NextGenerationEU. Esta es la Europa en la que queremos vivir!.
Desde ASAJA nos preguntamos atónitos, si esa “ola” de renovación no viene de otro mar o de otro océano. En quién o en qué han basado el modelo que ahora tratan de “vendernos”.
Esa Europa, ¿es la nuestra o es un experimento que ni sus mismos dirigentes saben hacia dónde va? En los últimos años, desde la Unión Europea se siembran discursos contradictorios y esa es, sin duda, su principal fragilidad. Desde el sector agrario sufrimos una ideologización de la Política Agraria Común conducida por intereses económicos y de “otro orden” donde los intereses no son agrarios ni comunes.

Es un desorden mundial que lejos de buscar el beneficio de todos, busca esos “otros intereses”. Y aunque a los que conspiran les seamos molestos, no dejaremos de denunciarlos vengan del club de los “miserables” o de los “poderosos”. Decía Sandro Pertini, “de los fumadores podemos aprender la tolerancia. Todavía no conozco uno sólo que se haya quejado de los no fumadores”. Es demasiado habitual que los que no hacen nada por los demás sino aprovecharse, se presenten como mecenas y como los más tolerantes enarbolando la bandera de la salvación del mundo. El mal utiliza la tolerancia hasta que logra controlarlo todo. Después busca dominar y someter “el bien”.
Hace años publicamos la editorial “El caos de la globalización”, que hacía referencia a la brillante exposición de D. Julián Pavón en su libro “China ¿dragón o parásito?”, sobre el modelo chino de expansión económica. “Un modelo que comienza con la creación de empresas chinas, con chinos para vender productos chinos, fabricados por chinos en China”. En segundo lugar, “los ingresos que obtienen estas empresas chinas a través de los consumidores españoles- o de otros países, son incorporados a bancos chinos con lo que aumentan continuamente sus reservas de divisas”. Y en tercer lugar, “con ese dinero de los bancos chinos canalizados a China, China puede comprar el mundo”. “China,- decía D. Julián-, con una dictadura del proletariado, con un partido comunista que controla todo, está parasitando masivamente las economías capitalistas del mundo occidental y además con sus propias armas”.
Ese mismo sistema es el que están utilizando “esos otros intereses” a los que antes aludíamos, que están por encima de los gobiernos y utilizan perversamente, al igual que los chinos, los rusos o los americanos, las sensibilidades y mecanismos políticos sean del color que sean, en beneficio propio. Más aún cuando las economías de escala están más allá de donde alcanza la vista o el bolsillo; esto es, más allá de los bienes y servicios.
Cuando el presente se mide con “futuros” y lo etéreo y virtual forman parte de la economía, no es extraño que se dé la depravación de utilizar como moneda de cambio, “la vida”, el aire, la tierra y el agua.

El Pacto Verde que cita Von der Leyen, desde luego ¡está muy verde!, en la Estrategia de la Granja a la Mesa están sólo los comensales, pero falta la granja. Las exigencias internas de la UE en materia climática, medioambiental, de bienestar animal, de fitosanitarios, medicamentos, fertilizantes no ha contado con aquéllos que lo hacen posible y además chocan en su ejecución con los convenios que establecemos con países terceros y con nuestra política de libre mercado. No sólo estamos perjudicando, asfixiando, y desincentivando a nuestros agricultores, sino que estamos engañando constantemente al consumidor europeo. En resumidas cuentas, nos hacemos constantemente trampas al solitario, y para colmo, la necesidad de controlar los desajustes y abusos en la cadena alimentaria chocan siempre con el Tribunal de la “In-competencia”. En el actual estadio de cosas, no podemos abordar un proyecto “global” con directrices europeas.
Europa apunta hacia una “NextGenerationUE” que pretende dejar atrás un humanismo que se presenta como algo caduco e incluso trasnochado, dando paso a una perversa corriente en la que se señala lo humano como un problema para el clima y la naturaleza. Y en este declinar del humanismo, en plena era digital, se nos muestra un porvenir inquietante, en el que se coloca en el centro el clima y la naturaleza, al que hay que rendir culto como si de un dios se tratara.
Desde el ejercicio de la agricultura y la ganadería hemos venido sufriendo estas profundas desviaciones, que han ido tomando fuerza poco a poco. Al Medio Rural deberían de presentarnos como mentores y adalides del equilibrio necesario donde el ser humano es la solución y no el problema.
Tal vez, la “ruralización” del planeta con los valores, sacrificio, entrega de quienes nos precedieron sea el mejor camino para su “urbanización”. Como dijo H.F. Hedge “Todos somos nuestros antepasados y nuestros herederos. Quien diseña honestamente su futuro, ilustra ejemplarmente su pasado”.


“Recompensa de 10.000 Euros para quien descubra al asesino del oso en el Pirineo”
No es una película de vaqueros sino una noticia que aparece en los principales medios de comunicación con la recompensa ofrecida por la ONG “Sea Shepherd” a quien encuentre al “asesino” del oso. Nuestro primer impulso fue trasladar a nuestros amigos de otras Asajas provinciales lo siguiente: ¿por qué no ofrecer conjuntamente desde ASAJA 100 millones de dólares a quien capture a los responsables de la muerte de la ganadería extensiva, del sector de la fruta, del hundimiento de los precios, de la criminalización del intensivo,… del MEDIO RURAL?.
Todo esto parece broma, pero no lo es. Es muy triste lo que está pasando porque los responsables de la muerte del oso probablemente son los mismos que desde hace tiempo, con sus acciones y omisiones, están agrediendo y desertizando el territorio. La ONG “cazarrecompensas” debería ir un poquito más allá, o más acá según se mire, en la captura de todas las bandas de “forajidos” que agreden y matan, y por consiguiente atacan, al Medio Rural y al medioambiente.
Es la segunda vez que este editorial tiene título de western. En el anterior “Solo ante el peligro” (https://www.asajahuesca.es/noticias/editorial-solo-ante-el-peligro), la Ley se enfrentaba en soledad a los forajidos. En éste, al contrario, denunciamos la impotencia que nos invade cuando la Ley da la impresión que la dictan los forajidos y son los “buenos” los que en lugar de ser respaldados por ella, difícilmente escapan de su “soga”, que aprieta y aprieta hasta acabar asfixiándoles.

El 26 de febrero del 2020, en plenas movilizaciones agrarias, se publica el R.D. Ley 5/2020, por el que se adoptan determinadas medidas urgentes en materia de agricultura y alimentación. En su art. 1º se aborda la modificación de la Ley 12/2013, de medidas para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria. Se añade una letra j) al apartado 1 del artículo 9 de la citada Ley que dice “Indicación expresa de que el precio pactado entre el productor primario agrario, ganadero, pesquero o forestal o una agrupación de éstos y su primer comprador cubre el coste efectivo de producción”.
El cereal, que ha sido el sector más estable en los últimos años, ha tenido que esperar a la modificación de la Ley de la cadena alimentaria para sufrir los peores precios de los últimos 30 o 40 años. Por otro lado, en el primer mes de vigencia de este RD Ley, en pleno confinamiento, con todo el sector agroalimentario entregado en colaborar desinfectando las calles y mantener la cadena para que en los lineales no faltase de nada, los sectores más frágiles son estrangulados con precios hundidos. En el sector de la fruta se sigue endiendo sin fecha de pago y a resultas, esto es al precio que le dé la gana pagar al finalista una vez que todos los intermediarios se han guardado su beneficio.
Cuando la ley no sirve algo muy grave está ocurriendo. Hace más de tres años escribimos un editorial con lo que venimos relatando, “El precio de la decencia” (https://www.asajahuesca.es/noticias/1483), que continua de total actualidad; es más, se ha seguido alargando la “oscura sombra de los cuatreros”. Comprobamos, una vez más que no “SE BUSCA” a los malos para arrestarlos sino a los buenos para explotarlos hasta la extenuación y vivir a costa de ellos.
En todos nuestros editoriales insistimos en la defensa del interés general, el de todos, y en ese interés los aspectos sociales y medioambientales son incuestionables porque van de la mano de los intereses agrarios, que son nuestra razón de ser. Por eso, cuando comprobamos que los incentivos para el esfuerzo, la inquietud y la eficiencia quedan desincentivados por la actividad de los “cuatreros”, sabemos que las cosas no van bien. En este western que relatamos vemos que consiguiendo la estrella de sheriff se puede manejar con total impunidad los rebaños de otros, y eso indica que algo en el “guion de esta película” va muy mal, rematadamente mal.

Son demasiados los frentes abiertos y demasiado tiempo invertido en reuniones infructuosas y debates con los “Agentes de la Ley” para abordar los problemas sin que se nos haga ningún caso. Como ejemplo de ello, lo más importante, el presupuesto: de los 395 millones destinados por el Gobierno de Aragón para abordar todas las cuestiones que nos afectan en este periodo 2014-2020, acaban de eliminar de un plumazo 206 millones (léase documento que publicamos a continuación en este número).
En este sentido, el actual modo de legislar, a corto plazo y según vengan los vientos, es un auténtico disparate. Anuncian a bombo y platillo medidas que no se han estudiado a fondo y mucho menos consensuado con todos los agentes sociales implicados. El tejido laboral, del que nuestro Sector forma parte fundamental, no puede romperse antes para darle después un remiendo. Desincentivar el acceso al trabajo es un grave error. Nos parece un insulto, sea quien sea quien porte la estrella de sheriff y quienes les extiendan su apoyo.
Tristemente cada día comprobamos que la principal fuente de contaminación no es la medioambiental sino la mental. Nunca hemos tenido tanto acceso a la comunicación y, sin embargo, nunca hemos estado tan lejos del conocimiento. La esclavitud en pleno siglo XXI existe, precisamente por la desviación del conocimiento que encadena y esclaviza a quien por omisión o devoción no encuentra la verdad o, lo que es peor, no la pretende. Nuestra Ministra de Trabajo es un claro ejemplo de ello, en este caso por devoción no al conocimiento sino a su icono o relato ideológico. Por eso debemos estar alerta, porque también nosotros somos responsables cuando nos dejamos manipular. No olvidemos que el acceso al conocimiento y la capacidad de discernimiento hacen al ser humano libre.
Ante tantos despropósitos, los que defendemos los intereses del Medio Rural hemos creado un frente común que vela por nuestra dignidad y nuestro peso real en la sociedad. Por ello, seguiremos denunciando los despropósitos que legisladores sin experiencia, o con demasiada “mala experiencia”, tratan de imponer desde sus despachos, obviando las razones de peso que esgrimimos en la defensa de nuestro Sector. Seguiremos ofreciendo nuestro trabajo apoyo y experiencia para que triunfe el sentido común y “los buenos” sean los que ganen…y como en toda película del oeste que se precie, se busque y se “arreste”, no a los buenos sino a los malhechores.
